martes, 7 de febrero de 2012

"TITA" MATTIUSSI, DEDICO SU VIDA A RACING


Por Juan Antonio Fornasier
La vida de una hincha que amó a Racing más que a nada en su vida. Símbolo de cariño, los jugadores le pagaron el viaje para ver al equipo en Escocia y Montevideo durante la Copa Intercontinental.
Simple, llana, querida por todos, perdura en los corazones y en el recuerdo de aquel plantel.
Dice el proverbio popular que “detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”.
 Desde hoy, y para siempre, habrá que decir que "detrás de ese glorioso equipo de Racing campeón del mundo de 1967, había una gran, grandísima, mujer".
 Una dama tan ligada a Racing, que en toda su larga vida no hubo un sólo día que no tuviera que ver con el club al que amaba. Elena Margarita Mattiussi, o mejor dicho “Tita”, nació en el lugar que la bautizaría para la eternidad, que le impondría un destino indeclinable por el resto de existencia. 
Las inexplicables conjunciones de la vida hicieron que llegara al mundo en la vieja cancha de madera de Racing que se ubicaba en el mismo lugar que la actual.
 “En ese momento a los hijos se los tenía en la casa”, explicó. Como no podía ser de otra manera, la jugarreta del destino marcó que su transcurrir estuviera atado a la institución en la cual comenzó (literalmente) su camino.

Don César Mattiussi, su italiano padre, arribó a Argentina junto a su esposa Ida en 1915 y comenzó a trabajar gracias a un aviso en el diario La Prensa.
 El empleo ofrecido era el cuidado del césped del campo del club más glorioso de la época: el Racing Club de Avellaneda. Ya en 1919, más precisamente el 19 de noviembre, nació el fruto de aquella pareja de trabajadores. Nació Elena.
 
El fútbol fue su vivir desde pequeña. Por eso, mientras su padre se curtía en el oficio de ser “canchero”, Tita aprendía de su mamá en la lavandería del club. 
Cosió camisetas añejas, en tiempos en los cuales había que cuidar la indumentaria. Claro, no había aparecido Nike todavía, y una casaca era un bien más que preciado.
 La mística de los colores debía mantenerse en impecables blancos y refulgentes celestes.
Se fue criando con el fútbol como cobija y el amor a Racing como principio no negociable. Así pasaron años y años, futbolistas, técnicos y dirigentes, mientras que ella siguió firme bajó la tribuna.
 Esos escalones eran su patio y el campo de juego su jardín, por eso sintió siempre como propio a ese templo de la redonda. El estadio fue su hogar. Si hasta cuando se hizo la cancha nueva le ofrecieron un departamento a estrenar en Avellaneda y no quiso aceptarlo. Seguir viviendo en el Cilindro fue su mandamiento más preciado, “lo mejor de su vida”, según sus palabras. De tanto andar por allí, se hizo compinche de los planteles y fue una más del equipo eterno que el alquimista de talentos, Juan José Pizutti, empezaba a diagramar allá por los finales de 1965.
 

Vivió la obtención del campeonato del 66 como un cara a cara con la grandeza, siempre desde su sector, pegadita al corner, en ese lugar desde el cual miraba los partidos y que hoy lleva su nombre.
 Siguió ansiosa la disputa de la Copa Libertadores y festejó con los jugadores (“Son los hijos y hermanos que nunca tuve”, dijo alguna vez). A esa importante altura de la historia de Racing, Tita se convertía en la mujer que acunaba a los nuevos talentos del club. Los tímidos pibes llegados del interior del país que vivían en la pensión pasaban mucho tiempo con ella.
 Si el mismísimo Alfio Basile se sentaba largas horas en su casa antes de los choques decisivos. Charlaban y charlaban, con una ronda de mate como pretexto. “Él era uno de los más mimosos”, se sonrojaba Tita en una entrevista televisiva de hace algunos años. 
Por su parte, al “Coco” se le emociona la voz ronca a la hora de hablar de ella: “Podría decir tantas cosas. Lo primero que pienso es que para mí fue toda una madre. La voy a llevar siempre adentro mío. Recuerdo esas tardes en su casa. Era cábala, pero en realidad iba a hablar, me encantaba", aseguró Basile.
"Fue muy importante para todos los más jóvenes de aquel equipo”, remata como no queriendo dar prenda de lo sensible que es aquel hosco marcador central.
 
Por todo eso, a nadie le sorprendió la invitación que le hicieron para acompañar al plantel en la disputa de la Copa Intercontinental. Es que era un jugador más y no podía faltar de ninguna manera. 
Tanto afecto le tenían, que entre los mismos futbolistas reunieron el dinero para pagarle el pasaje. Ella, fanática, no se negó y partió con su valija llena de sueños a buscar un pedazo de cielo. “El recuerdo más lindo de mi vida es poder haber viajado a Glasgow y luego a Montevideo para ver a Racing campeón mundial”, relató en 1998, transitando ya los últimos días de su vida.
 

Juan José Pizutti recuerda aquel regalo: “Quisimos pagarle algo de todo lo que nos dio. Todavía me viene a la memoria la cara de sorpresa que puso cuando le dijimos que íbamos a costear su viaje".
 A partir de ese momento, les cocinaba a los muchachos más comida aún de la que les preparaba siempre. Lo hacía como en agradecimiento desde su humildad. 
Tita era todo bondad”. Como aquella “cara de sorpresa”, hoy, el rostro del gran formador revela, a tono con sus palabras, respeto y veneración hacia la que, tal vez, fue la gran mujer racinguista.
Consumado el obsequio, ella lo disfrutó como nunca. Si hasta aquella hija de un canchero llegó a toparse con James Bond. En realidad era Sean Connery. El actor viajó en el mismo vuelo que el equipo y Tita intentó hablarle del club de sus amores. 
Como a Connery le encantaba el fútbol, comentan que apareció por el vestuario luego del primer juego y que tomó algo de simpatía por los colores albicelestes.
Roberto Perfumo, Mariscal por excelencia en la férrea defensa del campeón, no debe hacer mucha memoria a la hora de indagar sobre la mujer que es sinónimo de Racing: “Estábamos siempre juntos allá en Europa.
Nos servía de apoyo con sus charlas y nosotros nos divertíamos mucho juntos. Tita fue alguien que mereció más de lo que tuvo. Era desinteresada y eso no se encuentra fácilmente. Ella hizo más por el club que muchos dirigentes”.
Cuenta la historia que una vez, cuando salieron a recorrer las calles escocesas, Tita observó que un vendedor ambulante ofrecía escudos de Racing. En un inglés (muy) precario intentó explicarle algo sobre fútbol.
Entre las risas de Basile y compañía por sus confusos gestos, terminaron dándose cuenta que el dichoso puestero era un fanático que había ido desde Argentina y que por más que Tita dijese lo que dijese en inglés, nunca le entendería.
La “Hincha número 1”, como alguna vez la definió el “Panadero” Díaz, fue la impulsora de otra cábala que forma parte de la mitología del fútbol. 
En el vestuario de los de Juan José Pizutti se escuchaba y se cantaba religiosamente antes de cada partido la “Marcha de Boca”. El “Boca Juniors, Boca Juniors, gran campeón del balompié…” era una imposición previa a cada paso en el torneo, la Libertadores o la Copa del Mundo. Increíblemente, todo empezó una vez que Tita llevó el disco con el tema, lo escucharon y quedó como una costumbre inapelable. Pizutti mismo, comentó: “No lo hicimos una vez contra River y se cortó la racha de 40 partidos invictos”. Lo que se dice “creer o reventar”.

Aquel combinado de talentos, también llevó esfuerzo y muchísima dedicación. Las tardes de entrenamiento en Escocia eran tan interminables como cansadoras. Tita estaba al pie del cañón, con el mate o el café como aliado, viendo cada práctica, amenizando las esperas y calmando ansiedades.
Elena Mattiussi tenía además otros rituales que cumplió a rajatabla en Glasgow a pesar de las complicaciones. Para darle suerte al equipo, en el entretiempo de cada partido cambiaba su ropa como si fuera un jugador. Allá en Escocia fue difícil, pero logró llevar sus prendas a la cancha y hacer efectiva la cábala en un baño del estadio. 
Además, hay quienes afirman que ella fue la precursora de los “cuernitos”, que más tarde en la historia harían famoso a Reinaldo “Mostaza” Merlo.
A la vuelta de tierras europeas le tocó esperar hasta Montevideo. Es que el sufrimiento es una imposición del fanático de Racing, y Tita, como gran exponente de esa especie, siempre sufrió. Alentó, en las buenas, y en las malas mucho más, como dice esa heroica canción que baja desde la popular. Igualmente, si algo destacaba a la entrañable señora que vivía bajo la tribuna, era que nunca, pero nunca, insultaba a un árbitro o a un rival. Siempre el querer vencer desde el apoyo a los suyos y jamás deseando la desgracia ajena.
Vivió aquel indescriptible “cometazo” del “Chango” Cárdenas como un sinónimo de gloria.
ELLA SABIA QUE RACING ES UNA PASIÓN INEXPLICABLE

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